PUEBLO: Guarani (Bolivia) Ava Guaraní (Argentina) Guaraní Occidental (Paraguay)

DATOS GENERALES

Región

Chaco ampliado

País(es)

Paraguay, Argentina, Bolivia

Nombre del pueblo

Guaraní Occidental (Paraguay)

Guaraní (Boliva)

Ava-Guaraní (Argentina)

Autodenominación del pueblo

Ava o Guaraní

Otros nombres del pueblo

Guarayo (Paraguay)

Mbiá (Bolivia)

Chiriguano (Argentina)

Familia lingüística

Tupi-guaraní

Lengua de uso

Guaraní

Otros nombres de lengua

Otras lenguas índigenas de uso

Población total del país

Paraguay: 5.163.198 (Censo 2002)

Bolivia: 8.234.325

Argentina: 36.260.160

Población Guarani Occidental/Ava Guaraní/Guaraní por país

Paraguay

  • Por pertenencia étnica (5): 2.359 (Censo 2002)

Bolivia

  • Por auto-pertenencia (1): 78.438
  • Por lengua materna (2): 43.664
  • Por pertenencia (3): 125.159

Argentina

  • Por auto-reconocimiento y/o descendencia de un pueblo indígena (4): 21.807
  • Por auto-reconocimiento y ubicación geográfica (Prov. de Jujuy y Salta) (5): 35.009

SITUACIÓN LEGAL DE LA LENGUA

Según la Constitución Nacional, el Paraguay es un país pluricultural y bilingüe y son idiomas oficiales el castellano y el guaraní. Las lenguas indígenas, así como las de otras minorías, forman parte del patrimonio cultural de la Nación (Artículo 140). La enseñanza en los comienzos del proceso escolar se realizará en la lengua oficial materna del educando. Se instruirá asimismo en el conocimiento y en el empleo de ambos idiomas oficiales de la República. En el caso de minorías étnicas cuya lengua no sea el guaraní, se podrá elegir uno de los dos idiomas oficiales (Artículo 77).

CAPÍTULO V DE LOS PUEBLOS INDÍGENAS

Artículo 62 - DE LOS PUEBLOS INDÍGENAS Y GRUPOS ÉTNICOS

Esta Constitución reconoce la existencia de los pueblos indígenas, definidos como grupos de cultura anteriores a la formación y organización del Estado paraguayo.

Artículo 63 - DE LA IDENTIDAD ÉTNICA

Queda reconocido y garantizado el derecho de los pueblos indígenas a preservar y a desarrollar su identidad étnica en el respectivo hábitat. Tienen derecho, asimismo, a aplicar libremente sus sistemas de organización política, social, económica, cultural y religiosa, al igual que la voluntaria sujeción a sus normas consuetudinarias para la regulación de la convivencia interior siempre que ellas no atenten contra los derechos fundamentales establecidos en esta Constitución. En los conflictos jurisdiccionales se tendrá en cuenta el derecho consuetudinario indígena.

Artículo 64 - DE LA PROPIEDAD COMUNITARIA

Los pueblos indígenas tienen derecho a la propiedad comunitaria de la tierra, en extensión y calidad suficientes para la conservación y el desarrollo de sus formas peculiares de vida. El Estado les proveerá gratuitamente de estas tierras, las cuales serán inembargables, indivisibles, intransferibles, imprescriptibles, no susceptibles, no susceptibles de garantizar obligaciones contractuales ni de ser arrendadas; asimismo, estarán exentas de tributo.

Se prohíbe la remoción o traslado de su hábitat sin el expreso consentimiento de los mismos.

Artículo 65 - DEL DERECHO A LA PARTICIPACIÓN

Se garantiza a los pueblos indígenas el derecho a participar en la vida económica, social, política y cultural del país, de acuerdo con sus usos consuetudinarios, ésta Constitución y las leyes nacionales.

Artículo 66 - DE LA EDUCACIÓN Y LA ASISTENCIA

El Estado respetará las peculiaridades culturales de los pueblos indígenas especialmente en lo relativo a la educación formal. Se atenderá, además, a su defensa contra la regresión demográfica, la depredación de su hábitat, la contaminación ambiental, la explotación económica y la alienación cultural.

Artículo 67 - DE LA EXONERACIÓN

Los miembros de los pueblos indígenas están exonerados de prestar servicios sociales, civiles o militares, así como de las cargas públicas que establezca la ley.

El Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo fue ratificado por Ley Nacional 234/93

Artículo 28

1. Siempre que sea viable deberá enseñarse a los niños de los pueblos interesados a leer y a escribir en su propia lengua indígena o en la lengua que más comúnmente se hable en el grupo a que pertenezcan. Cuando ello no sea viable, las autoridades competentes deberán celebrar consultas con esos pueblos con miras a la adopción de medidas que permitan alcanzar este objetivo.

2. Deberán tomarse medidas adecuadas para asegurar que esos pueblos tengan la oportunidad de llegar a dominar la lengua nacional o una de las lenguas oficiales del país.

3. Deberán adoptarse disposiciones para preservar las lenguas indígenas de los pueblos interesados y promover el desarrollo y la práctica de las mismas.

La Ley No. 3231/2007 (“Ley de educación indígena”) establece:

CAPÍTULO I DE LOS PRINCIPIOS GENERALES

Artículo 1º.- La presente Ley reconoce y garantiza el respeto y el valor de la existencia de la educación indígena. Todos los miembros de los pueblos y las comunidades indígenas tienen garantizada una educación inicial, escolar básica y media acorde a sus derechos, costumbres y tradiciones, con la finalidad de fortalecer su cultura y posibilitar su participación activa en la sociedad.

Artículo 2º.- Todos los miembros de las comunidades indígenas gozan de sus derechos consagrados en la Constitución Nacional, la Ley Nº 234/93 “QUE APRUEBA EL CONVENIO Nº 169 SOBRE PUEBLOS INDIGENAS Y TRIBALES EN PAISES INDEPENDIENTES, ADOPTADO DURANTE LA 76ª. CONFERENCIA INTERNACIONAL DEL TRABAJO, CELEBRADA EN GINEBRA EL 7 DE JUNIO DE 1989”, la Ley Nº 904/81 “ESTATUTO DE LAS COMUNIDADES INDÍGENAS”, y la Ley Nº 1264/98 “GENERAL DE EDUCACIÓN”.

Artículo 3º.- El Estado garantiza el derecho de los pueblos indígenas a que puedan aplicar sus pautas culturales y formas de enseñanza en relación armónica a lo dispuesto en la Ley Nº 1264/98 “GENERAL DE EDUCACIÓN”.

Artículo 4º.- A través de la presente Ley se crea y establece una estructura dentro del Ministerio de Educación y Cultura, desde donde se delinean las políticas educativas de los pueblos indígenas y que posibiliten el cumplimiento de la legislación vigente.

Artículo 5

Créase la Dirección General de Educación Escolar Indígena, con el objeto e asegurar a los pueblos indígenas:

e) el funcionamiento de los niveles de educación inicial, escolar básica y media del sistema educativo nacional y la utilización de sus lenguas y procesos propios en el aprendizaje de la enseñanza escolar.

CAPÍTULO III DE LA EDUCACIÓN ESCOLAR

Artículo 7º.- Las escuelas indígenas tendrán currículum elaborado de acuerdo con las especificidades étnicas y culturales de cada pueblo que les asegure:

Programas de Estudio

a) que respondan a sus necesidades particulares, abarquen su historia, sus conocimientos y técnicas y sus sistemas de valores sociales, económicos y culturales;

b) preparados en la propia comunidad con la participación de maestros, padres de familia, líderes religiosos y políticos con el apoyo de especialistas indígenas y no indígenas para encauzar la enseñanza en términos de la sabiduría tradicional;

c) que respondan a la conservación y racionalización de los recursos naturales; y,

d) que faciliten un mayor conocimiento sobre la cultura y la situación de todos los pueblos indígenas que habitan en el país.

Metodologías

a) propias de cada uno de los pueblos indígenas para presentar tanto los contenidos indígenas como los no indígenas;

b) con relatos de la historia de los pueblos indígenas realizados por líderes religiosos, ancianos y otros conocedores de la misma;

c) con períodos de enseñanzas fuertes y cortos de manera gradual desde la vivencia del niño en su comunidad, para luego ampliar el conocimiento con lo que le rodea; y,

d) que tengan en cuenta la participación de los alumnos/as en los rituales religiosos indígenas y otras costumbres.

Materiales Didácticos

a) preparados en el marco de la comunidad indígena respectiva con la participación de los maestros, padres de familia, líderes políticos y religiosos, con el apoyo de especialistas indígenas y no indígenas; y,

b) elaborados en las comunidades indígenas y que reúnan las condiciones básicas requeridas y reconocidas por el Ministerio de Educación y Cultura.

CAPÍTULO IV DE LA FORMACIÓN DOCENTE

Artículo 8º.- Se crearán centros de formación, especialización y capacitación de docentes indígenas, tal como lo establecen los Artículos 21 y 22, del “CONVENIO Nº 169 SOBRE PUEBLOS INDÍGENAS Y TRIBALES EN PAÍSES INDEPENDIENTES, ADOPTADO DURANTE LA 76ª. CONFERENCIA INTERNACIONAL DEL TRABAJO, CELEBRADA EN GINEBRA EL 7 DE JUNIO DE 1989”, aprobado por Ley Nº 234/93, especialmente en zonas geográficas específicas y culturales indígenas.

Se realizarán cursos, reuniones y encuentros de capacitación de maestros indígenas para evaluar los trabajos escolares y compartir experiencias.

CAPÍTULO I DE LOS FINES

Art. 1º.- Objeto. La presente ley tiene por objeto establecer las modalidades de utilización de las lenguas oficiales de la República; disponer las medidas adecuadas para promover y garantizar el uso de las lenguas indígenas del Paraguay y asegurar el respeto de la comunicación visogestual o lenguas de señas.  A tal efecto, crea la estructura organizativa necesaria para el desarrollo de la política lingüística nacional.

Art. 2º.- De la pluriculturalidad.  El Estado paraguayo deberá salvaguardar su carácter pluricultural y bilingüe, velando por la promoción y el desarrollo de las dos lenguas oficiales y la preservación y promoción de las lenguas y culturas indígenas. El Estado deberá apoyar a los esfuerzos para asegurar el uso de dichas lenguas en todas sus funciones sociales y velará por el respeto a las otras lenguas utilizadas por las diversas comunidades culturales en el país.

Art. 5º. De la promoción de las lenguas originarias.  El  Estado promoverá la preservación y el uso de las lenguas originarias de América, tanto en el país como en las organizaciones internacionales en las que participe.

Art. 7º.- De la no discriminación por razones Lingüísticas.  Ninguna persona ni comunidad lingüística será discriminada ni menoscabada por causa del idioma que utiliza.  Los tribunales del fuero jurisdiccional correspondiente serán competentes para conocer de las violaciones que se produzcan en relación con los derechos lingüísticos reconocidos por esta ley a los habitantes del Paraguay.

CAPITULO II DE LOS DERECHOS LINGÜÍSTICOS

Art. 9º.- De los derechos lingüísticos individuales: Todos los habitantes de la República tienen derecho a:

1.- Conocer y usar las dos lenguas oficiales, tanto en forma oral como escrita, y a comunicarse con los funcionarios públicos en general en una de ellas. Los ciudadanos indígenas tienen además el derecho a conocer y usar su lengua propia.

2.- Recibir información en su lengua, de parte de los empleadores privados,  en los temas laborales y administrativos de interés general.

3.- Recibir información oficial en guaraní y en castellano a través de los medios de comunicación del Estado o de los medios de comunicación privados que emitieren información oficial del Estado.

4.- No ser discriminado por razón de la lengua utilizada.

5.- Utilizar cualquiera de las dos lenguas oficiales ante la administración de justicia y que sus declaraciones sean transcriptas en la lengua elegida sin mediar traducción alguna. La persona usuaria  de otra lengua tiene derecho a ser asistida en juicio por personas que conozcan  su idioma.

6.- Recibir desde los inicios del proceso escolar la educación formal en su lengua materna, siempre que la misma sea una de las lenguas oficiales del país o una lengua indígena.

7.- Aprender otras lenguas nacionales y extranjeras.

Art. 12.- De la responsabilidad  del Estado hacia los pueblos indígenas. Los pueblos indígenas que habitan el territorio nacional tienen derecho a recibir apoyo del Estado para garantizar la supervivencia y funcionalidad de sus lenguas y culturas, como medio para fortalecer su identidad étnica.

Art. 13.- De las minorías  culturales no indígenas. Las comunidades culturales no indígenas tienen derecho a contar con facilidades para acceder al conocimiento y uso de las lenguas oficiales de la República, sin perder el derecho de usar sus respectivas lenguas.

Art. 39.- De la Dirección General de Documentación y Promoción de  Lenguas Indígenas. Esta dependencia registrará, tanto en forma oral como escrita, las lenguas indígenas y prioritariamente las que se encuentran en peligro de extinción. Se encargará también de la difusión de dichas lenguas, por los medios necesarios para darlas a conocer a toda la comunidad nacional.

Art. 42. De las funciones específicas de la Dirección General de Documentación y Promoción de Lenguas Indígenas. La Dirección de Documentación y Promoción de Lenguas Indígenas tiene las siguientes funciones:

1.- Registrar en forma  oral y escrita todas las lenguas indígenas del Paraguay y prioritariamente de aquellas que se hallan en vías de extinción,

2.- Impulsar la revitalización de las mismas

3.- Promover el conocimiento, uso y valoración de las mismas en la comunidad nacional como parte importante del patrimonio cultural de la nación.

La reforma de 1994 a la Constitución boliviana, reconoció por primera vez el carácter multiétnico y pluricultural del país, así como diversos derechos colectivos indígenas. Según el DS Nº 25894, de setiembre de 2000, se reconocen como idiomas oficiales todas las lenguas indígenas y se promueve su uso en el sistema educativo . De acuerdo a la Ley 1565 de julio de 1994, la educación intercultural bilingüe es parte integral de la educación boliviana y la educación intercultural bilingüe se encuentran en dos leyes, la 1565 aún vigente y una nueva ley de educación en discusión en el Congreso – y dos constituciones – la reformada de 1994 y la aprobada por la Asamblea Constituyente pero pendiente de aprobación por referendum nacional. Tanto el proyecto de ley de educación como de la nueva constitución reconocen la oficialidad de todas las lenguas habladas en el territorio boliviano, así como el régimen de educación intra e intercultural y plurilingue para todos los educandos del país indígenas y no-indígenas.

La Constitución de la Nación Argentina reconoce la preexistencia étnica y cultural de los pueblos indígenas, garantiza el respeto a su identidad y el derecho a una educación bilingüe e intercultural. Según la Ley Federal de abril de 1993, el Estado nacional promueve programas de rescate y fortalecimiento de lenguas y culturas indígenas, enfatizando su carácter de instrumento de integración (BID-IIDH 2003)

Países

Monolingue en guaraní(7)

Bilingüe en guaraní y castellano (8)

Monolingue en castellano (9)

Total (10)

%

%

%

%

Bolivia

4870

6,24

29041

37,22

44104

56,53

78105

100

Argentina

3654

60,81

8273

69,19

11957

100

Paraguay(11)

Total

Lengua propia (guaraní)

%

Guaraní

%

Castellano

%

Portugués

%

Otra (Nivaclé)

%

2155

574

26,63

1724

80

1396

64,77

4

0,18

38

1,76

Población indígena en Argentina

Avá-guaraní

Total del paìs

21.807

3,63

88,5

Jujuy y Salta

17.592

Corrientes, Entre Ríos,

418

Misiones y Santa Fe

Ciudad de Buenos Aires y 4 partidos del Gran Buenos Aires

3.268

Resto del país

(….)

Chané

Total del país

Salta

Resto del país

4.376

2.099

0,72

57,8

2.277

Charrúa

Total del país

Entre Ríos

Resto del país

4.511

676

0,75

99,3

3.835

LA LENGUA DE LOS AVÁ-GUARANÍES Y LOS CHANÉS

Los pobladores Avá- guaraníes de la Argentina suman más de 21.807, si bien la ECPI no es clara respecto de la cantidad de personas que conforman este originario. Considerando solamente la autoadscripción, los avá-guaraníes son 21.807, de los cuales 17.592 viven en las provincias de Salta y Jujuy, 86,3% en zonas urbanas. En poblaciones de más de cinco años en las provincias de Salta y Jujuy, que contabilizan 15.16 autoadscriptos y descendientes de avá- guaraní, 15,4% declara poseer una lengua indígena como materna; 11,5% utiliza la lengua indígena en el hogar y 47;9% habla o comprende la lengua indígena. Se trata de un pueblo transfronterizo con población en Paraguay y en Bolivia.

Posiblemente originarios de la región del Amazonas inferior, grupos de origen guaraní migraron en diversas oleadas hacia la cota atlántica del sur de Brasil y el actual territorio de Paraguay. Desde allí, y habiendo atravesado de este a oeste todo el Gran Chaco, se instalaron durante el siglo XV en territorios hoy bolivianos y argentinos cercanos a la cordillera de los Andes. Se diferenciaron de los grupos guaraníes del este (noreste argentino, oriente paraguayo y sur de Brasil) por la asimilación de técnicas agrícolas y la fabricación de joyas y cerámica propias de los chanés, pueblo al que esclavizaron e impusieron su lengua.

Los chanés son descendientes de agricultores de origen Arawak. Un grupo, que se instaló entre el valle Calchaquí y la Cordillera de los Andes, recibió la influencia de la cultura de los incas, sobre todo en la cerámica y el tejido. Los chanés poseían una técnica muy avanzada de cultivo que asimilada por los avá-guaraníes a partir del siglo XV. La ECPI estima en 4.376 el número de chanés, de los cuales .099 viven en la provincia de Salta, y 15% de éstos en zonas urbanas. En poblaciones de más de cinco años en la provincia de Salta, que contabilizan 1.726 autoadscritos y descendientes de chané, 50,5% declara poseer una lengua indígena en el hogar y 81,5% comprende lengua/s indígenas/s. Según Dietrich (1986), a pesar de la asimilación lingüística total de los chanés al chiriguano la variedad que ellos hablan poseen una gran cantidad perteneciente a la familia Arawak.

LA LENGUA DE LOS GUARANÍES

Los guaraníes bolivianos son un pueblo transfronterizo denominado Ava-guaraní en Argentina, Guaraní Occidental en Paraguay y Guaraní Ñandeva en Brasil. Es el único pueblo de la región Chaco que se encuentra simultáneamente en los cuatro países. Según las estimaciones de Molina y Albó (006), con base en el Censo 2001, los guaraníes bolivianos son alrededor de 125.159 personas que viven mayoritariamente en la provincia Cordillera del departamento de Santa Cruz, y también en la provincia O’Connor , de Tarija, y Eduardo Siles y Luis Calvo de Chuqisaca. Un importante número de ellos migrado y vive en la ciudad de Santa Cruz, en el departamento del mismo nombre, constituyendo 6,9% de la actual población de esta ciudad (Ros, Combés y otros 2003), así como en los departamentos andinos de Cochabamba y La Paz. Aparentemente, Bolivia es el único de los países donde viven guaraníes monolingües en 6,24%, mientras que 56,53% es monolingüe castellano. El resto es bilingüe guaraní-castellano (38,27%).

Peses a que sólo cerca de la mitad de la población guaraní habla hoy su lengua, los guaraníes que permanecen en el medio rural y en el territorio guaraní actual le asignan a ella un papel fundamental, considerándola ingrediente básico del ser guaraní (López 1997). Tal percepción es compartida incluso por quienes han migrado, la mayoría definitivamente, a la ciudad de Santa Cruz (Ros, Combes y otros 2003).

En Bolivia se distinguen tradicionalmente tres subgrupos entre los guaraníes, también conocidos en las fuentes etnográficas e históricas como chiriguanos, denominación hoy rechazada por la activa y militante dirigencia e intelectualidad guaraní:

  • Los avas, el grupo más numeroso, que está concentrado mayormente en la provincia Cordillera, del departamento de Santa Cruz; habitan tanto en pueblos y ciudades intermedias, como en el área rural, dedicados sobre todo a tareas agrícolas y agropecuarias.
  • Los simbas, menos numerosos, concentrados fundamentalmente en los departamentos de Tarija y Chuquisaca, antaño llamados tembetá, haciendo referencia al tarugo labial que llevaban entonces; la denominación de simba deviene de la trenza (simpa en quechua) que muchos hombres aún conservan; y
  • Los izoceños, localizados en el Bajo Parepetí, también en la provincia Cordillera. Esta distinción se basa en matices culturales y en algunas diferencias lingüísticas.

A estos tres grupos, por razones de migración, se añadiría un cuarto grupo, que habita en zonas periféricas de la ciudad de Santa Cruz, compuesto por miembros sobre todo de los grupos ava e izoceño, quienes pueden llegar a casarse entre sí. El referente para este grupo deja de ser el lugar comunitario de origen, pues se consideran a sí mismos guaraní-cruceños (Ros, Combés y otros 2003). Ello no implica que se rompan los lazos de parentesco ni el contacto con el lugar de origen, al cual incluso se puede retomar en el caso de compromisos familiares o fiestas patronales. La “Zona Cruz” es hoy el referente territorial de este grupo, la misma que está organizada como capitanía y tiene 25 comunidades y barrios, entre los cuales existen al menos dos que son multiétnicos, pues incluyen a migrantes andinos, a chiquitanos y también a criollo-mestizos.

Las diferencias existentes entre estos cuatro grupos guaraníes se basan fundamentalmente en las prácticas socioculturales y productivas de los miembros de cada uno de ellos, pues las variaciones idiomáticas son en rigor mínimas, existiendo inteligibilidad entre las tres variantes del guaraní boliviano, aún habladas por casi la mitad de la población guaraní.

Cabe reiterar que no todos aquellos que se identifican como guaraníes hablan hoy la lengua, y ello caracteriza tanto a pobladores rurales como urbanos. Por ejemplo, los guaraníes urbanos, sobre todo aquellos que viven en la ciudad de Santa Cruz, tienen al castellano como su lengua de uso predominante, y en casos ya como lengua única (9,0%). No obstante, en un estudio realizado a comienzos de 2000 se registra que – sobre un total de 346 entrevistados- 79,2% de los guaraníes que habitan en la ciudad de Santa Cruz manifiesta conocer tanto el guaraní como el castellano – 48,3% guaraní y castellano por igual, 22,5% más guaraní que castellano, y 8,4% más castellano que guaraní-; así como la pervivencia en la ciudad 11,8% de monolingüismo guaraní (Ros, Combés y otros 2003).

Estas cifras podrían variar significativamente en los años por venir, pues esta misma investigación da cuenta de una marcada interrupción de la transmisión generacional de la lengua en la ciudad; y es que en casi la mitad de los hogares guaraníes cruceños se utiliza el castellano, siendo las mujeres las que más lo hablan, a diferencia de lo que ocurre en los territorios tradicionales donde ellas son agentes de conservación y desarrollo de la lengua.

Las diferencias entre los grupos guaraníes aquí identificados se desdibujan cuando la Asamblea del Pueblo Guaraní (APG) interactúa como representante de un solo pueblo indígena, frente a la sociedad nacional en reivindicación y defensa de sus derechos colectivos. De hecho, cabe destacar el papel etno-político importante que la APG ha jugado en las tres últimas décadas en Bolivia, habiendo tenido una actuación decisiva en la conformación de la actual situación por la que atraviesa la población indígena boliviana, en general, y no sólo la población guaraní. La reafirmación étnica, política y cultural guaraní ha traído consigo, en el corto y mediano plazo, resultados inesperados (López 1997), lo que bien podría llevarnos a hablar de un proceso de etnogénesis, particularmente cuando se analiza lo que acontece, sea en determinadas zonas y comunidades, como con determinados sectores de la población guaraní. En el proceso de guaranización o reguaranización de sus comunidades y miembros, los guaraníes – a través de la APG y desde mediados de los años ochenta – le asignan a la EIB un papel determinante; prueba de ellos en la defensa periódica de la EIB como propuesta guaraní, la asunción de la misma como mecanismo de consolidación de su propia organización política, así como la exitosa campaña de alfabetización y guaranización que llevaron a cabo a comienzos de los años noventa, abarcando todo el territorio guaraní, incluidos los territorios denominados cautivos y aún en poder de terratenientes, sobre todo en los departamentos de Chuquisaca y Tarija, y comprometiendo la participación de 500 jóvenes y adultos guaraníes como alfabetizadores y guaranizadores (López 2005). La conquista de la escuela y su guaranización pasó por la unificación y oficialización de su alfabeto, y el desarrollo curricular los llevó a acometer también acciones como las de desarrollo léxico en distintas áreas vinculadas al quehacer educativo, la elaboración de textos escolares y la capacitación de maestros; así mismo, los motivó incluso a negociar con el Estado, no sin dificultad, la apertura de un centro de formación docente en su territorio (Gustafson 2001). La APG fue el motor decisivo de todo este quehacer, que hoy incluye también la negociación con universidades para asegurar la mayor y mejor formación de su gente.

En términos demográficos, si se comparan los resultados del último censo (2001) con el anterior (1992), los datos evidencian un notable incremento de la población que se autodefine guaraní, también producto de la reafirmación étnica que vive Bolivia; los guaraníes han pasado de poco más de 30.000 a casi 100.000 personas en el período intercensal. Piénsese a este respecto, que producto de la Guerra del Chaco (1931-19335), los guaraníes perdieron más de 10.000 habitantes, y otros 5.000 dejaron la provincia de Cordillera para dispersarse por el territorio nacional (Pifarré 2003).

Los guaraníes se han caracterizado históricamente por sus desplazamientos territoriales en busca de la Tierra Sin Mal; los guaraníes bolivianos llegaron desde Brasil y Paraguay (Pifarré 1989). Precisamente alcanzaron su actual lugar de residencia en Bolivia, buscando un sitio en el cual pudieran ser libres y en el cual pudiesen trabajar la tierra, aunque para ello desplazaron, primero, a población chané (con una lengua de la familia lingüística Arawak), históricamente asentada en el Chaco, y, luego se mezclaron con ella y la subyugaron. Este mestizaje no fue sólo biológico sino también lingüístico y cultural, con predominio del elemento guaranítico, por lo que se habla de la guaranización de los chanes (Ros, Combés y otros 2003). Los guaraníes también desafiaron a los Incas, incursionando en algunos de sus territorios, pero también enfrentándose a sus huestes, cuando éstos intentaron extenderse hacia lo que hoy conocemos como Tierras Bajas- en 1471 – (Pifarré 1989, Rostorowski 1998), hechos que se conservaron con relativo orgullo en la memoria colectiva del pueblo, sobre todo por su vocación de libertad. Sería sólo en 1892, hace poco más de 100 años, cuando los guaraníes encontrarían la derrota frente al ejército boliviano y se verían incorporados forzadamente a la patria criolla, tras miles de muertos en la Masacre de Kuruyuki. “Con los mapuches del sur de Chile, que sucumbieron sólo una década antes, son los grandes testimonios indígenas de resistencia anticolonial en este continente (Pifarré 1989:15).

Es posible rastrear en las fuentes históricas y etnográficas los procesos de mestizaje y las fusiones que dieron origen al pueblo actual a partir del siglo XVI (Combés 2005). Los izoceños, por ejemplo, así llamados y autodenominados por la zona donde viven – los bañados del Izozo – no conforman una unidad étnica homogénea. De las 25 comunidades de izoceños que se ubican en ambas márgenes del río Parapetí, los izoceños viven en la zona baja y son todavía llamados tap (nombre aplicado antaño a los chanés) por sus vecinos avas. Ellos representan la gran mayoría de la población. En el alto Izozo, sin embargo, y particularmente en las comunidades vecinas a inicios del siglo XX.

Al igual que sus vecinos avas y simbas, los izoceños están organizados en torno al sistema de la capitanía, heredado de la Colonia y todavía vigente. Cada comunidad, o téta o tenta tiene a su cabeza, un mburuvicha o capitán, normalmente elegido cada año. Los guaraníes, en términos generales, han sabido combinar la forma de organización propia de capitanías con una organización de corte más sindical y reciente, como la de la APG. La APG (www.amazonia.bo/apg.php) es organización integrante de la Confederación de Pueblos Indígenas de Bolivia CIDOB (www.cidob-bo.org).

LA LENGUA DE LOS GUARAYOS

Los guarayos bolivianos no deben confundirse con los guarayos o guaraní-ñandeva paraguayos. Aparentemente, algunos guarayos y pausernas – relacionados con los guarasugwe actuales, que son ya muy pocos – aceptaron instalarse en las misiones franciscanas a fines del siglo XIX, donde sólo se hablaba la variedad guarayo. Ambos pueblos pertenecían a grupos guaraníes llegados desde el Paraguay hacia principios del siglo XVI, y que habrían atravesado el Chaco y la Chiquitanía antes de llegar a los territorios que en la actualidad ocupan. Su reducción por los franciscanos los llevó a dedicarse a la agricultura y a la ganadería, así como a la sedentarización. Pese a ello, los chiquitanos conservan sus prácticas de vida comunitaria.

Su contacto con el Estado boliviano se inicia a mediados del siglo XX, con el cierre de las misiones franciscanas y la confiscación de las tierras que ocupaban. Coincide esta etapa con el ingreso de grupos evangélicos: la Misión Bíblica se instala en una comunidad chiquitana en la década de los cincuenta, y el Instituto Lingüístico de Verano lo hace en 1961 (PROEIB Andes 2000) La hacienda y el latifundio cruceños afectan seriamente la vida chiquitana, no quedándoles más remedio que insertarse en las nuevas estructuras en poder de los terratenientes criollo-mestizos como peones. Es alrededor de este período cuando, ante la desestructuración de la vida misional, comienza la migración chiquitana a distintos lugares del país, pero también hacia Brasil y Paraguay. “La apertura de la carretera Trinidad-Santa Cruz en la década de los ’70 aumentó la apropiación privada de las tierras para ganadería y extracción forestal y la inserción de los guarayos como fuerza de trabajo. Asimismo, produjo un crecimiento acelerado de la población por los migrantes que, procedentes de distintas regiones del país, llegaron a establecerse en la zona”. (ibid.:20).

La lengua guaraya pertenece a la familia Tupi-guaraní. Según Riester (1989:18), la lengua hablada por los guarayos es similar a la de los sirionós, pueblo de alrededor de 200 personas que viven al oeste de los guarayos, mayoritariamente en el departamento de Beni. Por su parte, Albó (1995) considera que los guarayos bolivianos, guaraníes bolivianos y sirionós poseen un grado importante de mutua inteligibilidad, aunque desde el punto de vista étnico se trate de pueblos bien diferenciados. No obstante, a partir de entrevistas realizadas con hablantes de siriono, guarayo y guaraní, se ha detectado que los guaraníes experimentan mucha dificultad para entender lo que dicen sus hermanos sirionos (Tulio Rojas, comunicación personal).

Según el Censo Indígena, son 6.010 los guarayos que se definen por auto-pertenencia. Esta cifra se eleva a 11.953, según la estimación de Molina y Albó referida a la población total y no sólo a aquella censada, de quince y más años de edad (2006).

Manifiestan hablar el guarayo 8.433 personas de cinco años y más. De éstas, 44,33% es monolingüe guarayo y el resto, bilingüe guarayo-castellano. Existe mayor predominio del castellano entre los guarayos que habitan en las zonas urbanas del amplio territorio ocupado discontinuamente por los guarayos (López 2006b:225).

En el estudio sociolingüístico de Tierras Bajas del PROEIB Andes, se registra:

Considerando el uso y funcionalidad de las lenguas, puede distinguirse dos tipos de situaciones sociolingüísticas entre las comunidades guarayas visitadas; por un lado, Urubichá y Yaguarú, donde la lengua indígena mantiene una mayor vitalidad; por otro lado, Ascención y Yotaú, donde el castellano tiene mayor presencia. En Urubichá la lengua indígena es el medio de comunicación principal y más frecuente tanto al interior de la familia como en la comunidad, en los distintos grupos de edad y los diferentes ámbitos y situaciones de uso de lenguas. En la familia todos se comunican exclusivamente en guarayo, lo que determina que los niños se socializan en esta lengua e ingresan a la escuela como monolingües. La escuela, por lo tanto, introduce el castellano como segunda lengua (PROEIB Andes 2000:126).

En esta región, los mestizo-criollos llegan a aprender el guarayo como segunda lengua para interrelacionarse con la población indígena.

Las dos situaciones identificadas se caracterizan también por matices distintos de valoración de la lengua ancestral. Donde la lengua tiene más vitalidad, ésta merece una valoración similar a la del castellano (Urubichá), mientras que donde el castellano predomina, los hablantes destacan simbólicamente el valor del guarayo, pero lo hablan menos.

El guarayo utilizado en la educación cuenta con un alfabeto consensuado, unificado y aprobado por el Ministerio de Educación; en la mayoría de las comunidades guarayas se ofrecen servicios educativos de los niveles del pre-escolar y primaria, y en algunas, también secundaria. Destaca el alto número de profesores guarayos, hecho que podría reforzar el deseo de conservar su lengua, al parecer compartido por una gran cantidad de hablantes. (op.cit.: 122).

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